No hay un punto fijo.
No hay un lugar desde donde mirar sin ser visto.
Desde el momento en que el cuerpo cruza el umbral, deja de observar y empieza a desplazarse.
La casa —antigua, silenciosa, en la colonia Roma— no funciona como contenedor, sino como tránsito. El recorrido comienza sin anuncio: una montaña de musgo irrumpe en el espacio, un láser atraviesa la materia viva como si intentara medir lo inasible. No hay instrucciones claras. Hay cuerpos que avanzan, se detienen, dudan. El espectador no asiste: se mueve.
008 no se presenta como una obra cerrada, sino como una experiencia que rehúye la estabilidad. Un acto performático compuesto por gestos mínimos, tiempos suspendidos y acciones que no buscan clímax. Aquí, lo importante no es lo que sucede hacia afuera, sino lo que se reorganiza hacia adentro.

Imagen: Alain Heredia

“La intimidad no tiene que ver con el contacto”, dice la artista. “Para mí no hay nada más fuerte y más íntimo que la conciencia. Cuando la compartes con otros cuerpos, es la conciencia percibiéndose desde dos perspectivas completamente diferentes. Y eso me parece el acto más íntimo que existe”.
Esa idea —la intimidad como conciencia compartida— atraviesa todo el recorrido. No se trata de cercanía física ni de confesión pública. Se trata de presencia. De habitar el mismo tiempo desde cuerpos distintos. De aceptar que la mirada también es un gesto corporal.

El espectador que se desplaza
El recorrido guiado no propone una narrativa lineal. No hay inicio, desarrollo y cierre en el sentido clásico. Hay estaciones. Cambios de luz. Espacios que se activan y se apagan. El cuerpo del espectador deja de ser un punto fijo para convertirse en un elemento móvil dentro de la experiencia.
“Este proyecto se hizo a través de un recorrido guiado”, explica ella. “No dejó un punto fijo, sino un punto que se mueve”.
Moverse implica renunciar al control. Implica aceptar que la experiencia no se revela de golpe, sino por fragmentos. Que no todo se entiende en el momento en que ocurre. Que hay acciones que no buscan ser descifradas, sino sentidas.
El desplazamiento altera la jerarquía tradicional entre quien mira y quien es mirado. Aquí, observar es también exponerse. Estar presente es asumir que el cuerpo participa, incluso cuando no actúa.

Imagen: Alain Heredia

La fuerza del equipo
Lejos de la figura del artista como autor único, 008 se construye desde la colaboración. No como suma de talentos, sino como coexistencia de universos creativos que se respetan mutuamente.
“Lo que más aprendí del recorrido y del movimiento en esta experiencia fue la fortaleza del equipo”, dice. “Cuando las mentes creativas se unen y se le da un espacio literal a cada talento, se crea una magia que no podría experimentarse sin ese recorrido”.
Cada participante habita su propio territorio: Kim Pinheiro inicia y conecta el tránsito; Paola González construye instalaciones que modifican la percepción del espacio; Guadalupe Lobos traduce la experiencia al movimiento; Luisa M8R habita un espacio creado desde su propio universo, sin mediaciones.
La coherencia no está en una estética compartida, sino en la decisión de dar lugar. La magia, insiste la artista, no está en el resultado final, sino en el acto de reunirse. En observar cómo la presencia de cada una se manifiesta cuando se le permite ocupar su propio espacio.

Imagen: Alain Heredia

El cuerpo como canal y archivo
En 008, el cuerpo no es soporte ni herramienta escénica. Es archivo. Es canal. Es memoria activa.
“Definitivamente creo que el cuerpo es un canal”, afirma. “Entre más escuchas a tu cuerpo, más entiendes lo que estás canalizando y la energía que te está llegando. Pero también es un archivo de todas las experiencias vividas. Al final del día, el cuerpo es la herramienta más preciada que tenemos, porque es la única que necesitamos para experimentar esta realidad”.
Esta visión atraviesa todo el proyecto. El movimiento, la danza, la instalación y la acción performática no buscan representar algo externo. Funcionan como formas de escucha. Maneras de traducir información que no pasa por el lenguaje verbal.
La sensualidad aparece aquí no como ornamento ni como provocación, sino como forma de percepción. Una sensualidad contemporánea, despojada de clichés, que entiende el cuerpo como territorio consciente.

Imagen: Alain Heredia

Energía femenina como principio creativo
Hablar de energía femenina en 008 no implica una lectura biológica ni excluyente. No se trata de mujeres como categoría identitaria, sino de una energía entendida como capacidad de recepción, intuición y canalización.
“No es porque sea solo para mujeres”, aclara. “Todos tenemos energía masculina y femenina. Entre más te conectas contigo, con tu verdad y con tu cuerpo, más canalizas información, arte, experiencias”.
El proyecto se plantea como un espacio donde distintas perspectivas de esta energía pueden manifestarse sin jerarquías. No hay un discurso cerrado ni una intención didáctica. Hay una exploración abierta de lo que significa crear desde la escucha y no desde la imposición.

Imagen: Alain Heredia

El tatuaje: marcar el portal
Hacia el final del recorrido, en el patio, una habitación se enciende. Allí está la artista. No como figura central del espectáculo, sino como presencia silenciosa. Su acción no busca atención. Busca permanencia.
El tatuaje aparece como acto performático, pero también como decisión íntima. No es un gesto decorativo. Es una inscripción irreversible.
“Tatuar fue uno de mis primeros canales para entender hacia dónde me iba a mover”, dice. “Los tatuajes son amuletos que modifican la estructura molecular de nuestro cuerpo”.

Cita a Masaru Emoto para explicar cómo los símbolos y las palabras afectan la estructura del agua. Y recuerda que el cuerpo humano es, en su mayoría, agua. La conclusión no es metafórica: es corporal.
“Si realmente entiendes el símbolo y lo que te estás tatuando, puede ayudar a modificar tu estructura molecular y, por ende, tu realidad”.
El símbolo elegido —la cruz egipcia, el Ankh— funciona como llave. No como ornamento, sino como umbral. La experiencia completa se revela entonces como una preparación: mujeres atravesando un portal sin moverse de lugar. Cambiando algo interno, invisible, pero definitivo.

Imagen: Alain Heredia

Crear sin controlar
Cuando se le pregunta por el futuro de 008, la respuesta rehúye el plan.
“Entre más planeo, más controlo la creatividad y más se frena”, dice. “La idea se nos presentó y nos dijo: es esta semana, va a suceder, acóplate”.
No se trata de rechazar la estructura —ella misma reconoce que sin ella el proyecto no habría sido posible—, sino de entender cuándo el control interrumpe la fluidez. La experiencia confirma algo que ya intuía: no todo lo valioso se puede prever.
“Todo lo que planeas no sale como esperas”, dice. “Pero todo lo que no planeas te sorprende”.
La risa que aparece al final no es ligereza. Es aceptación. Reconocimiento de que hay procesos que solo se revelan cuando se les permite suceder.

Imagen: Alain Heredia

Epílogo
008 no busca ser entendido de inmediato. No se agota en una noche ni en un recorrido. Funciona como una pregunta abierta que continúa resonando en el cuerpo del espectador después de salir de la casa.¿Qué significa estar presente junto a otros cuerpos?
¿Qué se transforma cuando dejamos de mirar y empezamos a desplazarnos?
¿Qué marcas decidimos llevar con nosotros cuando atravesamos un portal?
La experiencia no ofrece respuestas claras. Ofrece algo más sutil y más íntimo: la posibilidad de compartir conciencia, aunque sea por un instante.
Y en ese gesto —mínimo, silencioso, irreversible— ocurre todo.

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